Victor Bravo – En Español

Peer to Pier: Conversations with fellow travelers

Víctor Bravo es un artista flamenco y el Director de Baile del Museo de Baile Flamenco en Sevilla, España. Ha seguido una carrera sobre los escenarios, bailando flamenco así como actuando con compañías de danza clásica y moderna. Algunas de las compañías mejor conocidas con quienes ha bailado son las de María Pagés, Lauren Postigo y Joaquín Cortés.

Conocí a Víctor después de presenciar un espectáculo flamenco en el Museo de Baile Flamenco, alojado en una elegante casa-palacio del siglo 18, ubicado sólo a unos pasos de distancia de la magnífica Catedral de Sevilla. Me sentí privilegiada de contarme entre un selecto público internacional disfrutando de tanto arte desde una proximidad tan cercana al escenario dramáticamente iluminado. En este ambiente íntimo y durante el curso de una hora, sentí la profundidad y toda la gama de la emoción humana, desde una alegría disparatada hasta una tristeza muy honda, a través de la expresividad de los artistas desnudándose el alma sobre el escenario.

Mi conversación con Víctor resultó ser una experiencia similar; al contar su historia extraordinaria, logró evocar las alturas y las profundidades de la vida. Espero que el lector encuentre inspiración en su relato sobre su vida, tanto como artista como una obra viva en pleno proceso de desarrollo.  —MP

Que no se cansen los intelectuales buscándolo en los antiguos baúles de la
erudición, porque el flamenco es algo vivo con los pies enterrados en
el fango ardiente de la calle y la cabeza en la capa fresca de las
nubes movedizas.
Federico García Lorca, 1898–1936

Meg: ¿Qué pensamientos u observaciones puedes ofrecer sobre el flamenco como parte de la historia y cultura de Andalucía?

Víctor: El flamenco no sólo se concentra en Andalucía, aunque tengamos una historia que nos enriquezca más por ser el puerto principal de las diferentes culturas que entraban a la Península. Los gitanos siempre han tenido gitanerías importantes en Barcelona, Madrid y Francia. Por supuesto, hoy la música flamenca tiene un impacto importante y muchos seguidores por todo el mundo.

El flamenco es una expresión única de un arte que es, a la vez, tradicional y evolutivo. Sigue siendo libre, para que cada artista pueda crear su sello propio e individual en cada momento. El flamenco continúa ofreciéndonos la oportunidad de expresar cada vivencia en su totalidad. Como en cualquier arte, el flamenco te regala todo.

Nosotros dependemos del arte. No sé lo que hubiera sido mi vida sin música. La naturaleza es el arte en su forma más pura… el mar, las hojas de los árboles… Me encantaría poder bailar un silencio total, pero no hay silencio…¡el corazón mismo late creando ritmo!

Meg: Dime cómo te llegó el flechazo flamenco la primera vez.

Víctor: Mi abuela fue mi inspiracion artística; de hecho he adoptado mi segundo apellido, como artístico, Bravo, en parte por ella, ya que es mi abuela materna. Ella era la primera persona de nuestra familia que soñaba con ser artista – cantante. Sin embargo, como era típico en la mayoría de las mujeres de su generación, renunció sus ambiciones para dedicarse plenamente a su familia.

Claramente recuerdo cuando tendría unos cuatro años y me gustaba mirar a los artistas en la televisión. Me quedaba cautivado y a solas los imitaba cuando creía que nadie me observaba. Un día mi madre me sorprendió imitando a los artistas flamencos y me preguntó si me gustaría aprender a bailar. Yo, que era un niño bastante tímido, le contesté negativamente con un silencioso movimiento de cabeza. Volvía a repetir la misma pregunta en varias otras ocasiones cuando “me pillaba en el acto” y al fin anunció que no me iba a preguntar más. Esto sería mi última oportunidad de estudiar baile en una academia en condiciones. Tenía cinco años en aquel entonces y sabía que esto era lo que quería más que nada en el mundo. Me puse a vencer mi timidez y me entregué de corazón y alma al aprendizaje del baile folclórico aflamencado, las sevillanas. En unas pocas semanas, ¡pude bailar las cuatro sevillanas, acompañándome con las castañuelas! Aún cuando todavía era un chaval jovencito, siempre quería ser artista. Cuando la gente me preguntaba lo que quería ser de mayor, les contestaba “pintor”. Esto ocurre antes de infectarme tan apasionadamente y profundamente con el “virus flamenco”. ¡Supongo que formaba parte de mi ADN!

A la edad de seis o siete años, empecé a dedicarme al estudio del baile flamenco. Mis primeros maestros profesionales fueron los artistas legendarios Matilde Coral y su hermano “El Mimbre”. La esencia de su estilo inimitable era una gran elegancia que marcaba su fuerte sello personal que llegó a ser la base que se imprimiría sobre mis propias interpretaciones. A los quince años de edad, había terminado mis estudios preparativos y recibí el diploma de “Carrera de Danza”. Hago mención especial a este título porque era muy insólito alcanzar esta distinción a tan tierna edad; normalmente un alumno solía tener más edad antes de que le confieran el diploma.

Meg: ¿Cuándo fue la primera vez que actuaste profesionalmente sobre el escenario?

Víctor: Mis primeras actuaciones fueron galas benéficas, muchas veces presentadas en asilos para gente de la tercera edad. Mi gran obsesión era actuar sobre el escenario. Debido a mi gran timidez, estas funciones en directo ante el público me daban la oportunidad de expresarme a mí mismo de una manera en que no podía en la vida cotidiana más mundana. Aún antes de completar los estudios para mi título de Carrera de Danza, había recibido noticias de un buque anclado en el Río Guadalquivir aquí en Sevilla donde actuaban artistas de flamenco.

Tenía unos trece años cuando me puse en contacto con el director del barco, “El Buque” y le informé que quería hacer una audición para bailar en su espectáculo. El director, Juan Cortés sabía que no le decía la verdad sobre mi edad, pero me informó que podía hacer la prueba a pesar de la mentirijilla. Me habló claramente, diciendo que no me podía prometer nada, pero no me importaba en absoluto. Sólo quería actuar – interpretar el baile flamenco ante el público. El baile que debía interpretar para la audición era “Tarantos”, un ritmo gitano muy distinto y pronunciado que nunca había bailado antes. Allí mismo y en aquel mismo instante, me dirigí al guitarrista y le pedí que marcara muy fuerte cada compás. Improvisé, sintiendo el ritmo y recordando e imitando actuaciones que había presenciado antes. El director quedó impresionado. Me contrataron (sin contrato). Mis padres se quedaron sin saber nada de mis actuaciones en “El Buque”, ya que si lo hubieran sabido no me hubieran dejado, o eso creo. ¡No les pregunté!

Cuando tenía quince años y ya tenía mi diploma, me contrataron para actuar en un crucero en el Mediterráneo. Esta vez mi padre firmó los papeles dándome permiso. El crucero hacía escala en puertos de Grecia, Turquía, Italia, Francia y Mónaco y en una de estas estaciones, Grecia, me bajé y me quedé. Bailé flamenco en bares y restaurantes, así fui conociendo artistas de muchas partes distintas del mundo. Me sentí muy valiente embarcando en esta aventura y a tan tierna edad, pero ¡qué oportunidad educativa tan extraordinaria!

Meg: ¿Cómo te sentías sobre el escenario?

Víctor: La primera vez que realmente estaba consciente del aplauso entusiasta del público para mi actuación, me quedé atónito. Sentí una ola de adrenalina que sigue bañándome cada vez que subo al escenario. Esta emoción queda sin superar, es como el colmo de la intensidad que te pueda ofrecer la vida. Es un momento estimulante y orgásmico…

El aspecto más importante de la actuación de cualquier bailaor es la habilidad de conectar con su cantaor, con su guitarrista y con el público. Esta chispa de transmisión artística se conoce como duende—el espíritu o alma esencial del arte andaluz. Para mí, este componente mágico incluye el mismo aire en el lugar del espectáculo, así como los artistas y el público.

Mis momentos más especiales sobre el escenario siempre han supuesto un cambio radical de cualquier interpretación del baile que he hecho previamente. El duende aparece espontáneamente y sin anunciarse. Mi actuación ejecuta una vuelta de 180° — ¡da la vuelta a la tortilla!

Meg: ¿Puedes dar una descripción general del Museo de Baile Flamenco y describir el papel que ejerces allí? ¿Cómo llegaste a formar parte del equipo?

Víctor: El Museo es un espacio bellísimo y lleno de diferentes formas de homenajear este arte, desde su puesta artística material con sus exposiciones, así como su puesta mágica con la caricia del sonido entre esas piedras antiguas que lo protegen. Hace dos años Cristina Hoyos me llamó y me preguntó si me gustaría dar clases de flamenco en el Museo. Siempre me ha gustado enseñar, así que le contesté que sí. Esa oferta inicial rápidamente se convirtió en otro cargo – Director de Baile del Museo. Mi trabajo ahora incluye las clases de baile, junto con espectáculos de cante y baile flamenco que se ofrecen todas las noches. Así que, actualmente, aparte de mis clases y las actuaciones en el Museo, trabajo también como artista independiente en otros teatros y salas. Sigo sintiendo un deseo fuerte – una necesidad, realmente – de crear

Meg: ¿Cómo te gusta la enseñanza?

Victor: Aprendo dando clases. Me tiran a otro lugar. El proceso de aprendizaje para cada uno de mis alumnos es muy importante. Siempre estoy muy consciente del hecho de que cada estudiante tiene un proceso individual y sus propias interpretaciones. Es imprescindible que cada individuo exhiba una honestidad completa—que se desnude de todo artificio. Enseño con mucho cariño a mis alumnos y ese sentimiento es recíproco. Cuando puedo observar el proceso y la evolución de mis alumnos, me lleno de gran satisfacción. Aquí más que en nada he descubierto que la paciencia es la clave del proceso, tanto la del alumno como la del que dirige su aprendizaje.

Meg: ¿Tienes algunos modelos que pudieras señalar como fuentes de inspiración para tu arte?

Víctor: No tengo mitos – es decir, tengo muchos. Siempre estoy abierto a lo que cualquier artista me pueda regalar. Eso puede ocurrir cuando el artista es uno de los grandes del género o, igualmente, puede ocurrir en cualquier lugar, en una juerga espontánea, donde un artista desconocido exhibe ese duende que transforma. El artista no tiene que ser ni payo, ni gitano, ni español, ni nada – tan solo sentir. El flamenco es un arte internacional que trasciende el tiempo y las culturas.

Puedo decirte lo que no me gusta – lo comercial y los bailaores ejecutando mecánicamente sin fuego, con movimientos sin naturaleza real.

Nunca sigo las masas. Huyo hacia el peligro; no intento esquivarlo. Me arriesgo en terrenos nuevos porque surge de dentro, desde una emoción profunda, no porque es un paso o un ritmo que he aprendido o copiado de otra persona. Por esta razón, no tengo un sello limitado o un estilo que siempre se repita. Tengo un lenguaje amplio que se identifica conmigo. Cada vez que bailo, descubro algo nuevo según las emociones que me acompañan.

Meg: Tengo curiosidad, como cualquiera con tanta pasión para el flamenco — ¿gira en torno a ese arte tanto tu vida social, como tu vida laboral? ¿Son tus amigos también artistas del mundo flamenco o te relacionas con gente completamente fuera de ese ambiente?

Foto cortesía de Beatriz Sancho

Víctor: El flamenco es mi arte, y lo que es la verdad en el mundo del arte es una verdad en la vida misma, el arte es una forma de vida. Por eso, no puedo separar mi arte de mi vida. Todo lo que surge, lo que tengo, lo que soy se junta para formar una totalidad que se expresa en el baile cuando la universalidad de emociones lo trasciende todo y se comparte. Al igual que me impregno de diferentes texturas en mi forma artística también lo hago así en mi vida privada. Mis amigos son tanto del mundo del flamenco como de los puntos más ajenos a ese mundo.

Por extraño que parezca, tuve que salir del mundo del flamenco para encontrarlo. Me dediqué a otras formas musicales lejanas hoy, pero hermanas de nacimiento, también a diferentes formas y técnicas como el teatro. De estas artes distintas, descubrí que el flamenco es una expresión artística que abarca en sí, la propia vida, experimentada en toda su plenitud y profundidad. Por eso creo que otros componentes como el teatro pueden enriquecer importantemente para unirse a trasmitir la experiencia. Todo se nutre de diferentes mezclas para ser puro. Si alguien me pidiera que eligiera un color favorito, no lo podría hacer. ¿Por qué tendría que elegir uno? Si me obligaran a limitarme sólo a un flamenco anudado, no me sentiría bien. Me encontraría desequilibrado. Necesito nutrirme. Todo me fascina. La vida no gira en torno de un grupo limitado de amigos, un círculo cerrado, un ghetto artístico. Me repito en que necesito que todo lo externo dé brillo a lo que yo considero que es mi pureza artística.

Meg: ¿Tienes algunos palos flamencos predilectos que pudieras describir?

Víctor: ¡Esto depende de la etapa de mi vida! Dentro de mis sentimientos más profundos, juego con todos los palos. Algunos de ellos que suelo bailar durante momentos de gran emoción son las soleares, las seguidillas y las alegrías. Los primeros dos, las soleares y las seguidillas generalmente expresan una soledad o tristeza muy honda y el último, las alegrías, abarca regocijo y exaltación. Sin embargo, para mí, todas estas emociones pueden ligarse expresándose en los tres palos. La alegría siempre tiene parte de miedo, y la tristeza y el dolor siguen siendo sentimientos que te hacen sentir vivo, por lo que la sonrisa y el llanto están unidos como expresión.

Meg: ¿Puedes relacionar lo que acabas de decir con tu propia experiencia personal? ¿Cómo han trasformado tu arte los sucesos de tu vida? ¿Cómo han contribuido a tu evolución vital?

Víctor: Las experiencias y etapas de la vida te van forjando de distintas maneras y como al barro te van cambiando de forma con el calor de su crudeza o entusiasmo. Hay varias etapas que han cambiado radicalmente mi forma, pero algunas con mayor proyección e impacto. Por ejemplo, cuando murió mi padre de cáncer, mi interpretación del flamenco experimentó un cambio radical. Mi baile se transformó de una manera salvaje; me rompí las ropas en una explosión apasionada de emoción. Plasmé en la madera exactamente lo que sentí. Esto fue otro comienzo de mi propio estilo flamenco personal.Hace cuatro años, experimenté mi propia confrontación con el cáncer. Me diagnosticaron dos ganglios infectados y adheridos a mi vena aorta. El pronóstico era grave ya que venían de una madre que expulsaba líquido canceroso, por lo que se temía que lo inyectara en la sangre. Fui sometido a la cirugía y seis meses de tratamiento, sin garantías de que me escapara de esta cruel e inteligente enfermedad. Al terminar el tratamiento, me practicaron pruebas para determinar si se había arrestado el cáncer. Tuve que esperar tres días para los resultados. Esos días se presentaron como una eternidad, mientras mi vida entera parecía pasar por delante de mis ojos. Enfrentarte a este encuentro con un final, tan potencialmente devastador, es muy diferente a cualquier experiencia anterior, y ese incertidumbre te hace preguntarte, ¿Qué haría con el resto de mi vida si me quedara poco tiempo para vivir? Era difícil o imposible responder a eso pero llegué a la conclusión de que me sentía muy orgulloso y satisfecho de la vida que me había tocado vivir hasta entonces. Mientras esperaba saber cuál sería mi destino, Volví a Sevilla para reencontrarme a mí mismo!

Mas tarde recibí los resultados de las pruebas. Me encontraron libre de todas células cancerígenas.

Meg: Dijiste “Volví a Sevilla para reencontrarme a mí mismo!” ¿Puedes contarme algo sobre tu “reencuentro” y lo que eso significaba?

Víctor: Cuando me diagnosticaron los tumores, sabía que estaba enfermo, pero no tenía idea de la magnitud del Calvario que iba a experimentar. Tendría que sufrir más pruebas desgarradoras y más esperas interminables para los resultados. Mi primera reacción fue siempre resistir, seguir para adelante, estar incrédulo, rechazar a los demonios0.

Foto cortesía Rocío Troya

Venía lleno de una etapa repleta de energía y de magia ya que justo antes de saber esta noticia que daría un nuevo guión a estos meses de mi vida, había viajado a Japón para presentar una obra sobre la muerte del poeta y dramaturgo, Federico García Lorca. Lorca fue asesinado por la Guardia Civil durante la Guerra Civil Española en los años 30. Su poesía estaba repleta de referencias a la luna – para Lorca, un símbolo de la muerte. La producción teatral que presenté se titulaba “Fantasías de García Lorca”. El baile que más me marcó en esta obra fue el vals de su muerte, ya que representaba la aceptación en su interior de que había muerto, (un limbo). Yo había escuchado tras la puerta del médico un primer diagnóstico positivo de cáncer, pero nadie sabía nada de esto más que yo. Por eso la creación de esta escena fue bastante dolorosa pero me ayudó a dejar fluir todo ese miedo para preparar la aceptación. En este baile aparece la luna y me encuentro en plena lucha con este símbolo hasta que se oyen los tiros sobre el escenario –momento donde la luna le hace ver con su luz la realidad.

En cuanto se terminó la producción, regresé a Madrid, la ciudad que había sido mi hogar durante varios años, aunque había nacido en Sevilla y pasé muchos años de mi niñez allí. Durante los días después de la vuelta a Madrid, sentía el pleno impacto fisiológico y psicológico de mi aflicción. Comprendí que no sólo se trataba de una enfermedad seria, sino también de mi propia mortalidad. Me dirigí urgentemente a una clínica bien conocida en Madrid y los médicos allí confirmaron mis peores temores – un diagnóstico de células malignas. Me ingresaron en el acto y tres días más tarde, me practicaron una intervención quirúrgica para extirpar los tumores.

Tras la operación y con un diagnóstico muy positivo, me volvieron a hacer pruebas, pero mis marcadores tumorales habían vuelto a subir. Mi camino que creía limpio para seguir, se volvía a parar y a empezar con una nueva y muy dura lucha por la supervivencia. Sufrí duros tratamientos de quimioterapia que duraron meses. Entre las secuelas devastadores, perdí el 20% de mi capacidad respiratoria. Cada día que mi cuerpo iba flaqueando, cada fibra de mi ser ahora se concentraba en un solo propósito, mantenerme vivo. Pero aún esa esperanza parecía palidecer y llegué al punto en que creí que ya no podría aguantar más e intenté rendirme. Esa quimioterapia me estaba matando igual que el cáncer. Los médicos confirmaron lo que yo había intuido. Interrumpieron los tratamientos, ya que si no me mataba el cáncer, los tratamientos sí se encargarían de ello.

Mi cuerpo había dejado de funcionar; ya no me pertenecía. Estaba llegando a un lugar desconocido y que no sabría explicar pero que no era mi cuerpo ni mi vida. Para un artista que siente cada fase y cada cambio en su cuerpo y mente, este vacío era un verdadero descenso al infierno.

Meg: ¡Debía haber sido demoledor! ¿Qué sucedió entonces?

Los médicos tuvieron que suprimir uno de los dos tratamientos quimioterápicos que me estaban dando y la última opción que tenían ahora era alargar el otro tratamiento. No estaba de acuerdo con ellos, pero sabía que tampoco podía negarme. Tuve que aguantar cinco asaltos más durante esos cinco días seguidos de la quimioterapia invasiva. Y por fin llegó el último. Los doctores me aconsejaron que volviera a mi casa, para seguir una dieta sana y descansar. Entonces emprenderíamos de nuevo la odisea de las pruebas. Mi madre dejó su hogar en Sevilla para ir a Madrid, no sólo para cuidarme; también se convirtió en madre coraje — una auténtica guerrera luchando por la vida de su hijo.

Cuando recibimos los resultados de las recientes pruebas que todavía indicaron la presencia del cáncer, me dijeron de nuevo que debiera esperar otro mes antes de resumir “el baile de la muerte” – la temida quimioterapia. Me caí otra vez al abismo. De repente, sentí fuerza, debilidad, auto-decepción, sensibilidad y energía — sobre todo un deseo de vivir a pesar de todo. Y más que nada, experimenté una necesidad urgente de volver a mi lugar de nacimiento, Sevilla — de pasearme por las callejuelas de mi niñez — de volver a empezar.

Por fin había llegado a aceptar la idea de la muerte. Lo más difícil era pensar en las personas a mi alrededor, la gente que me quería. Fue en este momento crucial cuando me di cuenta de lo mucho que me querían tantísimas personas. Ahora, no me sostenían tanto las oraciones ni la fe religiosa, sino la esperanza y el cariño de mi familia, de mis amigos que me llevaron en hombros por la “Puerta Grande” de los meses duros e insufribles de desesperanza y esperanza. Me pregunté a mí mismo “¿Qué haría si me quedara sólo un poco de tiempo? La pregunta no tuvo respuesta

Foto cortesía deBeatriz Sancho

Sentí una tremenda necesidad de moverme, de conectar con el mundo… con la naturaleza. Así que me puse a pasear por las calles de Sevilla y por la orilla del Río Guadalquivir . . . todos los días, durante horas interminables. Lo veía todo claramente y podía sentir cualquier cosa que me rozara o pasara a mi alrededor, por insignificante que fuera, en la fibra de mi ser. Con mis sentimientos a flor de piel por el sufrimiento que había experimentado, percibía una belleza inefable en cada detalle. Me sentí renacido. Y fue precisamente durante uno de estos momentos claves, mientras me paseaba, que oí una copla tradicional rasgar el aire. El local de su origen me hizo señas invisibles y entré. Sin llamar la atención, me dirigí a un rincón solitario y observé los ritmos de la vida de los demás.

De repente apareció un alma, una aparición de carne y hueso. Empezamos a hablar y en el momento de darme cuenta de la química entre nosotros, me retiré. No podía admitir en mi vida a personas que mi muerte inminente pudiera perjudicar. Pero los minutos se convirtieron en horas y las horas en tres días. Sentí que me encontraba en una cuesta muy resbaladiza que podría dejar de ser tierra firme en cualquier momento. Pero no fue así. Había un gran sentido de solidaridad. Estaba claro que había encontrado la respuesta al dilema de mi vida — como sentirme vivo mientras sigo viviendo. Sabía que mi “medicina” era simplemente eso… sentirme vivo. Normalmente no nos permitimos ese lujo. Mi pareja me lo hizo fácil al respetar el proceso que necesitaba para confrontar mi desafío existencial.

Tras esta primera trilogía de emociones me despedí como si no fuera a volver, y regresé a Madrid. El viaje me dio tiempo para reflexionar sobre mi reciente idilio de tres días. Mi mente, corazón y cuerpo eran uno y me sentía vivo, muy vivo. Así que decidí nada más llegar que necesitaba saber qué era eso que me recorría el cuerpo y conseguía hacerme sentir de nuevo la sangre correr por mis venas dormidas por las quemaduras de ese tratamiento. Y fui de nuevo a ver qué había allí. En cuanto llegué a Sevilla, esta alma maravillosa me montó en un coche y me llevó a la Costa de Cádiz para contemplar la puesta del sol. La exquisita belleza fue intensa. Nuestras vidas se entrelazaron en este momento – dos filosofías con diferentes ejes se fundieron. Una nueva trilogía hizo avanzar mi recuperación tanto física como emocional.

Y volví otra vez a Madrid, de nuevo despidiéndome de esta alma y esta vez contra su voluntad, pero no podía someter a nadie a este tormento. Insistí en que nos separáramos y mi pareja se negó a aceptar tal disparate.

Y llegó la hora del desenlace de tantos meses de lucha. Me hice pruebas tras dos meses de la última sesión de quimioterapia y un mes después de la prueba positiva aún de cáncer. Estaba en el punto cero de mi vida. Pero esta vez mis análisis revelaron que no había células cancerígenas, había desaparecido todo como si nada de esto hubiese pasado. Quizás fue suerte, quizás el destino, quizás la fuerza del cariño de mi gente que hiciera un milagro o quizás al sentirme vivo de nuevo le di paso a la vida. Y nací realmente de nuevo. Mi primer recuerdo de este nacimiento es que al llegar a casa del hospital me esperaba un ramo de siete rosas blancas que venía de Sevilla… siete para la suerte y blancas para mi renacimiento

Desde aquel momento, empecé en serio el proceso de renacer… una labor difícil de tirarme para adelante y caerme para atrás…un miedo a lo desconocido en el que cada decisión conlleva el peso de no permitirte el lujo de equivocarte.

Todavía estoy aquí. ¿Qué pasó?… ¿El lado positivo? ¿La luz? ¿El equilibrio? ¿El milagro? ¿La lucha? ¿La naturaleza misma? ¿Mi juventud relativa? ¿Mi aguante físico?

Pero todo ello con una extraña sensación de fortuna …

Meg: Salpicadas por todo el paisaje de tus respuestas se encuentran las palabras “trasformar” y “catarsis”, así como “improvisar” y “espontáneo”. En la sociedad americana actual hay mucho énfasis en sentirte bien en cada momento y en evitar el dolor a toda costa, así como un fuerte deseo de conformarte, adaptándote a las normas de los demás. ¿Podrías ofrecernos tus comentarios sobre esto, haciendo referencia a tu experiencia personal y tu arte?

Víctor: Hacer un esfuerzo constante de ser feliz en la sociedad es luchar en su contra. No podemos encontrarnos en una lucha constante. Tiene que haber un grado de aceptación en la vida. Debemos buscar el equilibrio, no la felicidad. Nadie es feliz en cada momento y para siempre. Tenemos que preguntarnos “¿Quiénes somos?” y “¿Dónde estamos?” y “¿A dónde vamos?” No puedes avanzar en la vida caminando contra ti mismo

Nosotros los artistas debemos entregarnos a convivir con una sociedad que es, a la vez, bastante frívola y difícil. La mentalidad individual de un artista es, por definición, una que se encuentra fuera de los límites de una concepción del mundo “normal”. Es la naturaleza del proceso creativo. Pero el artista tiene que vivir dentro de la sociedad. Tienes que fraguar un sitio para ti. Cada vez que rompes los lazos con la sociedad, tienes que volver a atar cabos, para vivir en harmonía con los demás. Mi vida es una constante lucha psicológica y física frente a mí mismo. Pero los momentos de lucha pasan. Los colores cambian y me doy cuenta que soy también un ser humano. Sigo ganando y a veces fracasando.

Meg: Como alguien que ha encontrado su vocación a una edad muy temprana y ha tenido “una segunda oportunidad” en la vida, ¿podrías ofrecernos tus comentarios para los que todavía no han encontrado su vocación y siguen con el deseo de descubrirlo.

Víctor: La sociedad se empeña en resecarte. Busca los elementos que te nutran”. Todo tiene un proceso. Mientras estás experimentando los altibajos, ¡carpe diem! Cuando te sientes bien, ¡arriésgate! Sigue tu intuición. En algún momento déjate llevar, no pienses y aparecerá una pasión. No tiene que ser algo grande. ¡Son las pequeñas pasiones las que te acercan felicidad!

Mi “Segunda Oportunidad” no fue solamente algo que se me presentó – una segunda ocasión de vivir, de amar, de actuar. Fue también darle una “Segunda Oportunidad” para que la vida acertara conmigo.

Muchas gracias to Judy Cotter for her translation of this conversation with Victor.

Return to View from the Pier’s home page, which offers the latest articles on a variety of the world’s cultural traditions!

For images of flamenco, see Travel Photos: http://viewfromthepier.com/travel-photos/

Check out Sevilla’s Flamenco Museum: http://www.flamencomuseum.com/

Meet Christina Hoyos: http://www.andalucia.com/flamenco/dancers/cristinahoyos.htm

Foto cortesía de Beatriz Sancho

3 thoughts on “Victor Bravo – En Español”

  1. Victor, “mi Victor”, que fácil y lejano parece todo esto que detallas, y que duro y doloroso,resultaba en el momento de vivirlo,es cierto que contado ahora desde la perspectiva de la vida,se me hace casi, casi algo anecdótico,pero siempre llevo conmigo dos imágenes completamente opuestas,el día que nos encontramos sin yo saber nada de tu enfermedad(que seguro se me quedó cara de boniato); y cuando fuimos al estreno en Madrid de “Siete”.Mi Victor, siempre desafiante, siempre con ese aire misterioso que adorna a los artistas, con esa elegancia que visten los que sobreviven. Ni que decir tiene que en nuestra distancia, sigo queriéndote, sin olvidarme ni un segundo de nuestros momentos compartidos. Muchos besos y un abrazo de corazón.Espero poder encontrarnos pronto y romperme las palmas aplaudiéndo tu arte!.

  2. es una entrevista preciosa a una persona que se hace querer sin conocerla demasiado.unas fotos preciosas y unas respuestas que llegan al alma y te emocionan.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *